luna reflejante, lo has levantado,
para permutarlo en estrella.
Enamórame de tí por bella.
¡Oh! luna furibunda, enrojecida,
actuando al dios de la guerra,
hipnotizando a licántropos.
Vuélveme de ti selenófago.
Invades el majestuoso orbe,
sin que cosa alguna la turbe.
En la nocturnidad de una caricia,
resplandor nos das fiel nodriza.
Gonzalo Gisholt Tayabas
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