Datos personales

Mi foto
Contacto: poesiaapoesia@gmail.com

lunes, 8 de febrero de 2016

Libelo contra la poesía.

La poesía no es siempre una cohabitación de espíritus. A veces es un diálogo solitario, monológico: individualmente difuso. Sin intenciones ni pretensiones, altisonante, trastabillante, cacofónica y lisiada, la poesía más fea, la que no pretende belleza, la personal, a veces es la verdadera poesía. Mas no siempre. Los engendros que pare la falta de inspiración, endriagos tartamudos prohijados por el llanto patético y la desesperación asistemática, son horribles. Ni el lector más desavisado encuentra en ellos minucia fugaz de belleza. Pero hay algunos bienhadados versos que, como accidentes de un caos previsualizado, propulsos como enanas blancas, brillan con propia luz. Después de esos versos, el poetastro puede respirar aliviado, por que, al final, la vida es más compleja que una flor, y tal vez sólo un Dios ciego con su paralítica omnipotencia (recordemos la paradoja de Russell) podrá darnos su aquiescencia ante tan mounstrosa actividad como es la poesía.




viernes, 31 de julio de 2015

El conocimiento y la tristeza


Pensaba que la vida era para ese
extraño don que es el conocimiento,
mas no he visto hombre bajo el firmamento
que no haya sido triste al conocerse.

¿Qué presta a mi ánimo el conocimiento?
La duda, el recelo y el remordimiento.

Afirmó Kant que la felicidad
no es el fin último de la razón,
no así el hombre que se da en su pasión
la labor de gastar la infinidad.

¿Qué ofrece a mi ánimo el conocimiento
Si no es aquel silencioso lamento?

Pessoa entendió en un breve poema
que es preciso ignorar que se es feliz
para serlo. Resolver el dilema
es reabrir una vieja cicatriz.

¿Por qué huye mi ánimo al conocimiento?
huye la culpa, el cielo y el tormento.

Todo hombre, sea protervo o bondadoso,
- dice Dostoyevski- es más inocente
de lo que piensa. Así el saber sinuoso
sólo aumenta su dolor inconciente.

miércoles, 10 de junio de 2015

La naturaleza de escritor



El escritor es de naturaleza proteica, pero el común denominador de sus metamorfosis es el de querer decir algo. Es alguien cuya mente está poblada de inenarrables fantasías, ficciones perversas, intenciones sublime o ideales inconcebibles, complejos denigrantes, pasiones virtuosas o reprobables, en fin, todo una madeja de inextricable de ideas; mas eso no es lo que lo caracteriza, pues no hay hombre que haya pisado la  Tierra y no tenga un poco de heroico y cobarde. Su verdadera naturaleza mora en su irresistible tendencia al lenguaje, pero, a la vez, en su soledad profunda con él. El escritor escribe porque no puede compartir con nadie sus fantasmas. Sin la máscara de la pluma ágil y elegante, es un monstruo prejuzgado, tildado de protervo o idealista. Eterno denunciante de las bajezas humanas, es proscrito en el cotidiano. Pero las torpezas de las que adolecería en el trato común se ven sublimadas en su palestra y los ignaros le aplauden y en cada palma dicen "!Queremos conocer nuestras propias miserias y excelencias, pero ocúltanoslas en literatura!"
Cada texto es un intento fallido de trasuntar lo que ocurre en su procelosa mente. ¡Qué paradoja de la existencia: un amante de la expresión se encuentra siempre imposibilitado de expresar su más íntima intuición! Toda expresión pretende ser perentoria, pero el lenguaje es una asíntota del alma. No existe el texto definitivo. La obra no es sino el esfuerzo espiritual por enmarcar rígidamente en la sucesión verbal del tiempo ciertas luces y tinieblas que rigen la vida del autor. Cuales sean esas sombras es algo que sólo sabe el que esto escribe.

martes, 11 de noviembre de 2014

Décimas por Ayotzinapa (son jarocho)

He aquí una introducción
que llora sobre la sierra,
del monte hasta la rivera,
con la guitarra de son.
Do do si si la la sol,
con un ritmo acompasado
que nos hable del pasado
del presente y porvenir
al escuchar el plañir
del sufriente encadenado.


Entre aquellos nueve montes
una voz clama en el viento
y ahora mismo es el momento
de mirar los horizontes
pintados por polizontes
de un plomizo carmesí
y si el cielo sigue así
que se levante la mano
en honor al yugo hermano
cuya voz reconocí.


Que si son de Ayotzinapa,
bajo el hierro ceniciento
expiran su último aliento
si una bala los atrapa
pero a ti también te mata
aquel lento simulacro,
donde hacen pensar que es sacro
estimar nuestra miseria,
asentarse en periferia
y esperar solo un milagro

(Solo de guitarra de son y jaranas)

Que si son de Ayotzinapa,
¡Ay que sí, válgame Dios!
No les digamos "adiós"
pues eso es poner la tapa
y guardar en la solapa
el clamor del estudiante,
por eso es mejor que cante,
no impulsado por dolor,
pues cantar por el amor
es mirar hacia adelante

viernes, 26 de septiembre de 2014

Una pregunta no formulada.

A mi amiga Alba, que ha compartido una parte de mi sensibilidad.

Una pregunta no formulada socava mis pasos.
Desde la inane madrugada
desbarro una intangible
lógica que me permita asirla.
Huye, se crispa entre mis dedos,
la suelto atemorizado,
me consume su carrera.
La pregunta gotea su inexorable veneno,
erosiona con su río inasible
un lecho deleznable de creencias.
La  duda prohija la sagrada saeta,
consumidora de dicha.
Trepida mi suelo,
se estría en infinitos matices.
La pregunta eclosiona
y en lugar de un monstruo ciclópeo
encuentro la superficie tersa
de un espejo.

domingo, 21 de septiembre de 2014

A un sino extraviado.

Yo no sé si te hacen falta
las palabras que desgrano,
ni sé si con esto gano
aquel amor que resalta.

Yo no sé si en el severo
mundo de vigilia o sueño
existirá un claro Dueño
que retase el clavijero.

¿Y qué si el corazón yerto
tensa sus ajadas cuerdas
y de su pincel las cerdas
desgasta hasta quedar muerto?

¿qué si rebusca impetrando
en cada cosa un abrigo,
un fuego, un brazo, un amigo,
y todo resiste negando?

No es talento ni querer
lo que preciso en mi sino,
mas sigue vacuo el camino.
Y no sé, no sé, qué hacer.

jueves, 18 de septiembre de 2014

Sin título

A veces me dan ganas de escribir algo profundo, pero suelo recordar que no hay nada que no haya sido dicho ya y que cualquier adoctrinamiento moral y metafísico es superfluo y no soy nadie para reconvenir las trivialidades del hombre. Me considero moralista desvaído y ceniciento, propenso a la melancolía, partidario de la exánime tradición de la verdad y militante del amor incondicional.No soy epígono de nadie ni tengo discípulos. Aunque misántropo y contradictorio, pienso que es tiempo de que nuestra estirpe se vuelque sobre el mundo. Hay que escanciar nuestra alma en la de los demás hombres. Borges habla de "la inmarcesible rosa que no canto [..] la de cualquier jardín y cualquier tarde". Así yo hablo del hombre, no del adámico hombre del paraíso o del inexpugnable hombre platónico; no del etéreo hombre abstracto habitante de la eternidad, sino del hombre que entretiene su tiempo en diversiones vanas y prodiga sus energías en empresas caducas. No quiero salutaciones optimistas ni razas cósmicas, quiero al hombre del instante, efímero y ominoso. Pero este hombre siempre está lejos. ¿Cómo llegar a él? Las palabras han erosionado un abismo entre él y yo; entre ella y yo; entre yo y yo mismo. Al final, cada uno seguirá su vida, ajeno a las angustias del otro.

martes, 8 de julio de 2014

Copla de amores

Un pequeño honor a la poesía popular, que no por popular es menos poética.

Copla de amores.

Ay, coplita, si se fue,
queridita, si se fue,
no me preguntes por qué,
la respuesta no la sé.

Mas no vayás a pensar,
coplita de mis pesares,
que un hombre en estos andares
ya no sabé qué trenzar

y que falta pa' cantar
temas serios del reposo,
si no sabés qués amar
no vale el agua del pozo.

Si se fue, no es por olvido,
estoy seguro (eso creo).
Eso sí, yo no era feo,
y no es que me haga cumplido.

Aunque me digas, canción,
que su mente me olvidó,
ella muy bien se cuidó
de enterrar mi corazón

para que en la remota alba
en que regrese, yo sé,
(y también ella sabé)
lo encuentre lucido en malva.

domingo, 25 de mayo de 2014

Una tarde de lluvia.


Desconsolado consuelo,
cárcel en aquel perdido
charco anónimo en el suelo
y privación del olvido,

lluvia, lava estas heridas,
y si me ataca su ausencia,
son tus gotas desvaídas
pasto para la clemencia.

El tiempo, arena que corre,
humedecido en el llanto,
es lodo para que borre
las huellas del muerto encanto

de una esperanza cansada
de aguardar bajo el dintel
a que escampe la soñada
vida escrita en el papel.

Lluvia, cae indiferente,
monótona transparencia,
sobre el recuerdo doliente
de su herrumbada presencia.

Bombardea, minuciosa
y repentina el sondeo
de mi alma, y moja, ansiosa,
los rescoldos del deseo.

Cae, lluvia, no detengas
tu inaprensivo deceso.
Cae sutil y no prevengas
al transeúnte en su obseso

hábito de caminar
al sol, cuando es la tormenta
la que revela, al pasar,
que no es él quien se calienta.

Sigue tu caída, unívoca
sombra, como cae la vida,
y los sueños en la equívoca
agonía de esta herida.

lunes, 12 de mayo de 2014

Breve reflexión sobre la actividad filosófica


Lo interesante del estudio de las doctrinas filosóficas debería consistir en la posibilidad de maravillarse con preguntas que a uno no se le habían ocurrido y con respuestas que creía impensables.
    El adoctrinamiento consuetudinario se ha vuelto la primordial actividad de la filosofía académica. No afirmo, sin embargo, que la formación y el estudio de los autores clásicos deba ser desechado, al contrario. No quiero minusvalorar el trabajo de los intérpretes filosóficos; su tarea es imprescindible para un mejor acercamiento a los textos,  pero el filósofo no debe quedarse en la repetición de ideas pretéritas, debe hacerlas suyas, amalgamarlas y hacer modelos que respondan a sus preguntas más acuciantes. Todo filosofar es de principio ecléctico.  
    Ahora bien, la práctica filosófica contemporánea cada vez difumina más la estructura misma del filososfar: pregunta-respuesta. Uno lee textos sin preguntas qué hacerles. Deja que el autor le hable como maestro espíritual. La mayor parte del tiempo ni siquiera es claro contra qué se está luchando. Una idea arrojada a una palestra sin enemigo es inane, tendrá una victoria por omisión y se vanagloriará de su potestad en un campo vacío.  Nosotros, como pequeños filósofos, adoptamos ese vicio y defendemos nuestras ideas sin saber a qué responden. Esgrimimos una espada afilada que hiende sobre fantasmas. En otros casos, nuestros enemigos, si sabemos quiénes son, son los mismos que los del rey-autor, y los guillotinamos sin haberles dado nunca la oportunidad de interpelarnos.
    En este sentido digo lo siguiente: no adoptemos las preguntas filosóficas de otros sólo porque el brillo de los siglos los ha encumbrado. Si la pregunta por el Ser no es una pregunta que me carcome las entrañas, ¡no tengo por qué hacérmela!¡no es mi pregunta! Si, en cambio, nunca me ha la había hecho, pero en el momento de leerla se estremece mi alma, sé que es una auténtica pregunta que requiere mi atención. La sabiduría en esto consiste en saber que no todos se hacen las mismas preguntas.
    La filosofía es una actividad variopinta que es imposible (y sería indeseable, por cierto) de homogeneizar. Responde a la manera muy personal de enfrentarse al mundo. Cada filósofo debería ser un baluarte de pequeños sistemas filosóficos, ya sean parciales o totales, consistentes o no, eso es lo de menos. Lo importante es la actividad misma de pensar.