Nota preliminar:
Este manualito puede ser utilizado tanto por hombres como mujeres. En mi caso,
por ser hombre, hablaré de mujeres. Pero si usté es mujer, puede muy
bien hacer los cambios gramaticales de género sin afectar en gran medida lo que
quiero expresar.
En esta
breve tutoría, mi lector(a), usté aprenderá cómo escribir un bello poema para
pedir una relación a esa persona que tanto quiere. No se confunda, no le
enseñaremos a conquistarla. Aquí damos por hecho que usté ha tenido cierto
contacto con ella, que ha utilizado sus dones naturales para ganársela; si no
es así, puede revisar mi próximo texto: “Consejos para la creación de un poema
para la conquista o conservación de una novia(o)”. El cual contiene ciertos puntos aplicables a su
malhadada situación.
Ahora bien, usté ya está a punto de pedir el
noviazgo, ya lo ha pensado, y si no, por lo menos lo guía su instinto. Como
usté es original, quiere hacer la propuesta en verso, así que lo primero que
queremos es que el poema diga “¿Quieres ser mi novia?” para que ella se sorprenda
y acepte. Hay varias maneras de formular la pregunta, necesitamos la correcta
(técnicamente hablando), y para que el poema tenga cierta cadencia o
musicalidad habrá que contar las sílabas; en la formulación anterior, tenemos 6
sílabas. (No explicaré cómo escandir el verso, es decir, contar las sílabas. Hay
ya demasiados manuales que lo explican y seguro lo encontrará en interné. Si
usté no quiere contar las sílabas, puede hacer su poema en verso libre, es
decir, sin métrica). En el español no son naturales los versos de 6 sílabas,
aunque por supuesto que se pueden hacer poemas de tal medida, sin embargo, es
mejor que convirtamos nuestro verso en algo más maleable. Los versos más naturales
en español actual son los de 8, 9 y 11 sílabas, aunque los de 7 se llevan muy
bien con los de 11. Hagamos por el momento un verso de 11 sílabas, que es de
los más rítmicos y agradables al oído. (En la poesía se pueden hacer distintos
tipos de versos endecasílabos ( 11 sílabas) dependiendo del acomodo de los
acentos. Sin embargo, no entraremos en esas minucias en este manualito).
Después de mucho pensar, podemos
tener algo así “¿Quiere usted, señorita,
ser mi novia?”. En otro caso, puede dejar la pregunta “¿Quiere ser mi novia?” (sin la “s” de “quieres”, porque es
cacofónico juntar “quiereS Ser”, además, el tratamiento de “usted” le da
elegancia a su petición) y ponerle un
complemento, por ejemplo, “¿Quiere ser mi
novia? ¿Es sí o es no?” o “¿Quiere ser
mi novia? Se lo pregunto”. Pruebe cuantas combinaciones se le ocurran. De
todas las formulaciones de nuestra sublime pregunta, tenemos que ver cuál nos
conviene más, pues a continuación haremos el ejercicio de rimarla.
Para este caso, nos quedaremos con “¿Quiere ser mi novia? Se lo pregunto”. Lo
siguiente consiste en adornar este verso con un poema. Lo primero es buscarle
una pareja para que rime. ¿Qué rima con “pregunto”? “barrunto”, “junto”, “adjunto”,
“punto”, “contrapunto”. Tenemos nuestra lista de posibles rimas, y ahora toca
hacer una frase u oración con ellas. Pero dejemos esto por un momento, pues
tenemos otro problema que debemos resolver simultáneamente.
Nuestra proposición magna, ¿en dónde
irá? ¿al principio, al final, en medio? Lo más recomendable es ponerla al
final. Esto es para que vayamos creando una atmósfera de tensión que culmine
con la propuesta. Queremos hacer algo así como: “Eres como la estrella, mujer, de los
vagos marineros enamorados.. etc… desde que el contorno de tu rostro golpeo mis pupilas, rompiste mi memoria y no hay nada más que tú…
etc.. (y terminar diciendo) ¿Quiere ser mi novia? Se lo pregunto”.
La interrogación también puede ir al
principio y luego dar una explicación de ella, por ejemplo: “¿Quiere ser mi
novia? Se lo pregunto, pues qué otra cosa le preguntaría, a usted, que no eres
sino mi aire, mi luz del día, mis 7 de la mañana, mis 12 de la noche, etc…” Y ahí va la retahíla de imágenes
poéticas. Esta estructura es un poco más difícil, pues no debe bajar el tono
emocional en ningún momento, se deben evitar las expresiones chabacaneras y hay
que encontrar un final propicio para la respuesta. En nuestra exposición, optaremos
por la primera “estructura”: colocamos la propuesta al final y llegamos a ella
mediante una navegación poética.
Ya que tenemos nuestra “estructura”,
nuestro verso final y nuestra lista de palabras que riman con éste, es hora de
empezar el trabajo pesado. Rimemos nuestro ultimo verso. Yo elijo la palabra barruntar y se me ocurre la oración “No
sé qué me dirá ni lo barrunto”. ¡Bravo! Vamos bien.
No sé qué me dirá ni lo barrunto.
¿Quiere ser mi novia? Se lo pregunto.
Nos falta, por último, elegir el
tipo de estrofa. Usté puede adoptar un tipo canónico de estrofa, o
inventárselo, es lo de menos. Nosotros, en este momento, usaremos el
serventesio, porque es fácil de trabajar. Éste consiste en una estrofa de 4
versos en donde el 1º rima con el 3º y el 2º con el 4º. Así que tendríamos lo
siguiente:
----
No sé qué me dirá ni lo barrunto
---
¿Quiere ser mi novia? Se lo pregunto.
En
donde los “---“ representan otros versos.
Pongámonos a rellenarlos… Se me ocurre “Expresar esto me deja abatido” y para
rimar “Señorita, no me crea atrevido”. Echémoslos a la mezcla y nos queda así:
Expresar esto me deja abatido,
pues no sé que dirá ni lo barrunto.
Señorita, no me crea atrevido.
¿Quiere ser mi novia? Se lo pregunto.
¡Y después de varias horas de trabajo,
tenemos nuestra primera estrofa! Ahora le toca a usté, mi enamorado lector,
escribir el resto del poema. La presentación física dependerá de sus
capacidades manuales, o bien, puede aprenderlo de memoria y recitarlo.
Si, a
pesar de todo su esfuerzo, fue rechazado, es que acaso sea un mal poeta, o no
supo conquistar suficientemente a su amada, o simplemente no es correspondido.
Si sucede lo anterior puede revisar mis “Brevísimos consejos para la creación
de un poema desquebrajado”. Por último, recuerde que suele suceder que el amor
no consumado es el amor más poético.
Gonzalo Gisholt
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